Hasta el año que viene “Pobre nou” Festival

El certamen anual “Pobre Nou” cerró sus puertas el pasado domingo día 13 con una gala final, celebrada en la Nave Espacial, y que tuvo como participantes a los principales representantes de los CSO organizadores. Este evento puso punto y final al festival alternativo, después de tres días de jornadas intensivas de actividades, donde se realizaron talleres de danza cómica o expresión teatral, exposiciones de pintura y microchatarrería, y espectáculos varios que mostraron hasta actuaciones de títeres. Además el certamen ha contado todos los días con cenadores y menús anticrisis  tanto para participantes como talleristas, en los que el precio de la comida y la bebida era de un euro.

Ejercicio de flexibilidad de la mano de Dino

 
La guinda del pastel
Hacia las 20 horas de la tarde un presentador improvisado dio comienzo a lo que supondría el principio del fin, una función que duró más de dos horas y que cerró el telón del certament alternativo y autogestionado definitivamente, hasta el año que viene. Las actuaciones fueron variopintas, y predominó la danza,  los ejercicios aéreos mano a mano por parejas y las demostraciones de equilibrio y fuerza encima de una silla. Pero los verdaderos protagonistas fueron los “clowns” que aparecieron en escena hasta en tres ocasiones  llevando a cabo ejercicios de malabares con pelotas de ping-pong y realizando diversos trucos de magia, haciendo estallar al público en sonoras carcajadas. Nada mejor para finalizar las jornadas culturales intensivas, que un espectáculo que reuniese todas las artes que se han desarrollado durante los tres días del Festival.
 

Al ritmo de los tambores

Intérpretes del taller de percusión

Ni la persona más desacompasada del planeta hubiera podido evitar marcarse algún baile al son de los ritmos creados por los integrantes del Niu de la Guatlla. Y es que el taller de percusión que organizó este centro social okupado para celebrar su primer año, hechizó a todos los presentes sin excepción.

Hacia las 11 horas de la mañana la gente ya se empezaba a amontonar alrededor del escenario, improvisado en medio de la calle y formado por unas cuantas sillas y alfombras. Todos esperaban a los protagonistas, quienes aparecieron con cuentagotas a medida que se colocaban, cada uno con un instrumento tan diferente como llegaron a serlo entre ellos.

Después de una breve presentación por el que era la voz cantante del grupo, empezó el espectáculo. La pieza que inauguró el taller era una que parecía ser conocida por la mayoría de los allí presentes, de ritmo rápido y en la que el tambor de mayor tamaño se hacía con el protagonismo. Pero se atrevieron todos y con todo. En ocasiones alguno de los intérpretes secuestraba a algún espectador y le ponía el instrumento entre las manos, convirtiéndolo en músico durante el intervalo que durara la composición. El tiempo y los ritmos se iban sucediendo, y después de dos horas pusieron fin al taller yéndose por bulería.

Equilibrista

Un acompañamiento de altura

Pero en la fórmula para conseguir una celebración perfecta no podían faltar los ejercicios de equilibrio. Algunos de los que empezaron tocando los instrumentos, demostraron después su carácter polifacético creando complicadas formas humanas que se iban dibujando a cada intento. Entremedio algún sobresalto que otro, alguien que se desestabiliza y está a punto de caer, un pequeño susto que quedó en nada. Todo lo contrario a la velada que vivimos, que fue mucho más que una anécdota.

 

Carlota Alegre

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